¿Reforma, revolución o evolución? La propuesta de la Doctrina PE

Durante siglos la política ha planteado una pregunta que parece dividir todas las posiciones ideológicas:

¿Debe cambiarse un sistema mediante reformas o mediante una revolución?

Algunos sostienen que basta con corregir las instituciones existentes.

Otros consideran que todo el sistema debe ser destruido para construir uno completamente nuevo.

Durante mucho tiempo pensé en esos mismos términos. También creí que la solución consistía en mejorar el sistema o sustituirlo por otro diferente. Sin embargo, cada vez que desarrollaba esa idea terminaba regresando al mismo punto de partida.

Comprendí que el verdadero problema no era únicamente el sistema político.

El verdadero problema era que el ciudadano nunca había aprendido a ejercer el poder que, según la propia democracia, siempre le perteneció.



El poder nunca dejó de pertenecer al pueblo

La palabra democracia significa literalmente poder del pueblo.

Sin embargo, con el paso del tiempo ese principio terminó interpretándose como la obligación de votar periódicamente para delegar las decisiones en una minoría.

La ley, la historia y la costumbre consolidaron esa interpretación hasta convertirla en algo aparentemente normal.

Pero surge una pregunta inevitable:

Si el poder pertenece al pueblo, ¿por qué debe conquistarlo nuevamente?

Quizá el problema no sea que el pueblo haya perdido el poder.

Quizá el problema sea que nunca aprendió a ejercerlo de forma permanente.

Este principio constituye uno de los fundamentos de la Doctrina PE:

El poder ciudadano permanece de forma permanente, irrenunciable e intransferible en la ciudadanía.

Lo que puede delegarse son funciones administrativas o ejecutivas.

Nunca la titularidad del poder.

Reforma y revolución comparten un mismo riesgo

La reforma pretende modificar parcialmente el sistema.

La revolución busca sustituirlo completamente.

Ambas propuestas han generado importantes cambios a lo largo de la historia.

Sin embargo, ambas comparten un riesgo que pocas veces se discute.

Con demasiada frecuencia terminan sustituyendo una élite por otra.

Cambian los partidos.

Cambian los dirigentes.

Cambian los discursos.

Cambian incluso las constituciones.

Pero la ciudadanía continúa desempeñando el mismo papel pasivo.

Por eso la Doctrina PE propone una tercera alternativa:

La evolución democrática.

Evolucionar la democracia

La evolución democrática no consiste en conservar el sistema actual ni en destruirlo sin más.

Consiste en desarrollar progresivamente la capacidad política de la ciudadanía hasta que el propio sistema tenga que transformarse porque la sociedad ya cambió.

No comienza en el Estado.

Comienza en la comunidad.

No comienza con una Constitución.

Comienza con ciudadanos capaces de ejercer responsablemente su libertad política.

Por ello, la democracia deja de entenderse únicamente como un mecanismo electoral y pasa a convertirse en un proceso permanente de aprendizaje colectivo.

El Parlamento Cero

Toda democracia necesita un lugar donde el ciudadano aprenda a ejercer el poder.

Ese lugar es el Parlamento Cero.

No nace como un nuevo partido político.

No pretende convertirse en una nueva élite.

Tampoco busca sustituir violentamente las instituciones existentes.

Su propósito es mucho más profundo.

Crear una estructura ciudadana permanente donde cualquier persona pueda:

  • participar;

  • deliberar;

  • construir acuerdos;

  • tomar decisiones;

  • aprender colectivamente;

  • desarrollar capacidad política.

El Parlamento Cero no solo decide.

También enseña.

Y esa diferencia cambia completamente la naturaleza de la política.

Los principios del Parlamento Cero

El Parlamento Cero se fundamenta en principios que buscan impedir precisamente aquello que históricamente ha debilitado a tantas democracias.

Entre ellos destacan:

  • El poder permanece siempre en la ciudadanía.

  • La participación es permanente, no exclusivamente electoral.

  • Toda decisión constituye también una oportunidad de aprendizaje.

  • La deliberación precede a la decisión.

  • La comunidad desarrolla capacidad mediante la experiencia.

  • Las instituciones deben aprender y evolucionar junto con la sociedad.

  • Ningún ciudadano nace para obedecer permanentemente; todos pueden aprender a ejercer la libertad política.

El Plan Cero

Durante mucho tiempo pensé que la finalidad de la Doctrina PE era el autogobierno.

Hoy considero que el autogobierno constituye solamente el comienzo.

Una comunidad aprende a gobernarse para poder construir su propio futuro.

De esa reflexión nace el Plan Cero.

El Plan Cero representa la visión compartida de una comunidad sobre el desarrollo que desea alcanzar.

No pertenece a un alcalde.

No pertenece a un partido político.

No cambia cada cuatro o cinco años.

Pertenece a la ciudadanía.

El Parlamento Cero forma ciudadanos.

El autogobierno les permite actuar.

El Plan Cero orienta esa capacidad hacia objetivos comunes que trascienden los periodos de gobierno y las coyunturas electorales.

La corrupción comienza mucho antes

Con frecuencia se afirma que la corrupción nace en los partidos políticos.

La Doctrina PE propone una reflexión distinta.

La corrupción comienza cuando la ciudadanía deja de ejercer permanentemente el poder que le pertenece.

Mientras unos pocos deciden por todos, aparecen inevitablemente privilegios.

No solo privilegios económicos.

También el privilegio de utilizar, representar y administrar en exclusiva un poder que pertenece a toda la ciudadanía.

Cuando esos privilegios son aceptados como normales y legitimados periódicamente mediante el voto, terminan convirtiéndose en prácticas institucionalizadas que pocos cuestionan.

No basta con cambiar a quienes ocupan esos privilegios.

Es necesario impedir que vuelvan a concentrarse.

Una democracia que aprende

La Doctrina PE tampoco pretende convertirse en un conjunto de verdades inmutables.

Si las comunidades aprenden...

Si las instituciones evolucionan...

La propia doctrina también debe hacerlo.

Por eso no considero que mis definiciones sean definitivas.

Han cambiado antes.

Seguramente volverán a cambiar.

Porque una democracia viva no teme evolucionar.

Una reflexión final

No escribo estas líneas para descalificar a quienes creen en la reforma ni a quienes consideran necesaria una revolución.

Ambas posiciones nacen, en la mayoría de los casos, del deseo sincero de construir una sociedad más justa.

Mi intención es aportar una reflexión distinta.

Tal vez el mayor desafío político de nuestro tiempo no sea decidir entre reformar o destruir un sistema.

Tal vez el verdadero desafío sea construir una ciudadanía capaz de ejercer permanentemente el poder que nunca dejó de pertenecerle.

Porque ninguna Constitución, ninguna revolución y ningún partido podrán garantizar por sí solos una democracia duradera si antes los ciudadanos no aprenden a ejercer responsablemente su libertad política.

Quizá la democracia del futuro no deba limitarse a elegir gobernantes.

Quizá deba enseñar a toda la ciudadanía a gobernarse, a planificar colectivamente su desarrollo y a evolucionar junto con sus propias instituciones.

Ese es, al menos hasta hoy, el propósito de la Doctrina PE.