Una crítica constructiva a la Junta Democrática de España y un agradecimiento a quienes ayudan a construir PE desde el debate
Hay momentos en los que una idea deja de ser solamente algo que uno intenta explicar y se convierte en algo que uno mismo debe volver a pensar. En las últimas conversaciones y debates sobre la Doctrina PE he tenido precisamente esa experiencia.
Quiero comenzar esta reflexión agradeciendo especialmente a Valentín C. S, con quien he tenido intercambios de ideas en Facebook, en la Pàgina de la Junta Democratica de España, que, más allá de las diferencias que podamos tener, me han permitido reconocer algo importante: todavía tengo mucho que aprender políticamente.
Su manera de plantear algunas cuestiones me llevó a revisar la propia Doctrina PE y a preguntarme si faltaba algo fundamental dentro de sus principios. Creo que lo he encontrado: el aprendizaje político ciudadano.
Consecuencia clave: Si la Doctrina PE pretende que el poder permanezca en el ciudadano, no basta con reconocer que el ciudadano tiene ese poder: también debe aprender a ejercerlo.
1. La democracia es el poder del pueblo
La Doctrina PE parte de un principio que considero fundamental: la democracia es el poder del pueblo.
Puede parecer una afirmación sencilla; sin embargo, de ella surgen las principales diferencias entre las distintas concepciones de democracia:
¿Significa que el pueblo solamente elige a quienes gobernarán?
¿Significa que debe decidir directamente todos los asuntos?
¿Significa que debe participar permanentemente?
¿Significa que debe deliberar antes de cada decisión?
¿Significa que debe controlar a quienes ejercen funciones públicas?
PE intenta responder a estas preguntas desde una perspectiva diferente: no pretende reducir la democracia a una sola herramienta. La participación, la deliberación, la representación, la decisión, el control, la ejecución y la evaluación pueden ser necesarias, pero todas son herramientas.
El principio fundamental es otro: el poder pertenece al ciudadano y debe permanecer en la ciudadanía.
2. Una reflexión nacida del debate: sobre la viabilidad y la tentación de perder la fe
Durante el debate, Valentín plantea cuestionamientos que, en un primer momento, pueden dar la impresión de que lo que busca la Doctrina PE es simplemente inviable. Admito que en momentos de duda —al enfrentarme a la complejidad de aterrizar estas ideas— yo mismo he llegado a cuestionarme si es un proyecto realizable y a sentir que perdía la fe en la propuesta.
Sin embargo, al analizarlo con mayor perspectiva, comprendo dónde reside la diferencia central:
El «realismo» de las fórmulas tradicionales: Propuestas como las de la JDE o esquemas similares parecen, a simple vista, más realistas o accesibles de conseguir. Pero la historia demuestra que ese tipo de soluciones ya se han intentado en múltiples ocasiones sin dar verdaderos resultados. Son como un oasis en el desierto: una ilusión de viabilidad que, al alcanzarla, nos deja en la misma desconexión entre la ciudadanía y el poder.
El dilema de la Doctrina PE: PE rechaza tanto el «realismo» pragmático de fórmulas que ya han fracasado como las utopías puramente imaginarias y desconectadas. Aunque parezca un camino más difícil, busca construir una viabilidad real partiendo de la transformación del propio ciudadano.
Cuando Valentín intentó llevar la discusión al plano de «¿Y cómo lo vas a hacer exactamente?», me resultó sencillo explicar los principios, pero corrí el riesgo de confundir el objetivo con la estrategia:
Decir que los ciudadanos deben aprender no explica toda la estrategia para conseguirlo.
Decir que debe existir participación no explica cómo organizarla.
Decir que debe existir un Parlamento Cero no responde automáticamente a todas las preguntas sobre su funcionamiento.
Esto me lleva a reconocer abiertamente que la Doctrina PE todavía está en construcción. Una doctrina no se vuelve más sólida fingiendo que ya tiene todas las respuestas, sino cuando reconoce aquello que todavía necesita desarrollar.
3. El aprendizaje político como principio
Es necesario precisar algo fundamental: el aprendizaje político no es una ocurrencia improvisada ni una idea ajena; ya estaba implícito dentro de la lógica y la estructura del Parlamento Cero. Sin embargo, la conversación con Valentín me demostró que no basta con que sea una función operativa de una herramienta: debe formalizarse como uno de los principios fundamentales y pilares rectores de la Doctrina PE.
Remarcar esto es vital porque no estamos ante una idea utópica o imaginaria, sino ante una realidad insoslayable: si el pueblo no aprende a ejercer su poder ni a usar su libertad política, el resultado histórico será invariablemente el mismo. Continuaremos atrapados en esa falsa "realidad" que parece factible en el papel, pero que jamás ha funcionado para emanciparlo.
Por ello, incorporamos formalmente este pilar:
Principio de aprendizaje político ciudadano: Todo ciudadano debe tener la posibilidad de desarrollar progresivamente la capacidad de ejercer su poder político mediante la participación, la experiencia, la deliberación, la decisión y la evaluación de sus propias decisiones.
Existe un peligro que cualquier proyecto democrático debería evitar: si solo unos pocos ciudadanos conocen de política, instituciones, leyes y organización del poder, mientras los demás simplemente siguen sus decisiones, terminaremos creando la relación entre los que saben y los que siguen.
Eso puede convertirse en una nueva élite política. Incluso una élite formada con buenas intenciones puede terminar concentrando el poder. Por eso PE no busca simplemente formar buenos dirigentes, sino ciudadanos capaces de ejercer el poder.
4. Coincidencias y diferencias con la Junta Democrática de España (JDE)
Quiero hacer una crítica constructiva a la Junta Democrática de España, reconociendo al mismo tiempo el valor de su planteamiento:
Coincidencia: La JDE ha recuperado y difundido las ideas de Antonio García-Trevijano (separación de poderes, representación, control del poder, ciudadanía activa y la idea del tercio laocrático como minoría capaz de activar a la sociedad). Coincido en que una sociedad políticamente pasiva difícilmente transformará su relación con el poder.
Diferencia: Desde la perspectiva de PE, no basta con que una minoría consciente e instruida impulse el cambio para que el resto la siga, pues reproduciría la estructura de «unos pocos que saben $\rightarrow$ muchos que siguen».
La ciudadanía no debe esperar a que una élite de especialistas o personas preparadas resuelva los problemas del país mientras el resto observa.
No se trata de rechazar al experto
Esto no significa rechazar el conocimiento técnico. Una sociedad necesita especialistas en economía, derecho, ingeniería y administración. Pero una cosa es consultar al experto para comprender un problema y otra entregarle permanentemente la capacidad de decidir.
El conocimiento técnico ayuda a decidir, pero no debe sustituir al poder ciudadano.
5. El Parlamento Cero como escuela de ciudadanía
Esta reflexión otorga mayor relevancia a una de las funciones del Parlamento Cero: debe ser también una escuela de aprendizaje político.
El ciudadano no aprende política únicamente leyendo teoría; aprende participando, escuchando, deliberando, tomando decisiones y asumiendo sus resultados (buenos o malos).
$$\text{Participación} \rightarrow \text{Experiencia} \rightarrow \text{Aprendizaje} \rightarrow \text{Capacidad} \rightarrow \text{Decisión} \rightarrow \text{Evaluación} \rightarrow \text{Nuevo aprendizaje}$$
La finalidad no es producir seguidores, sino ciudadanos con mayor capacidad política.
6. Un agradecimiento y un llamado al diálogo
Agradezco a Valentín por el debate. Su postura no solo me exigió mejorar mi capacidad para explicar mis ideas, sino que reveló una carencia dentro de la Doctrina PE. El fundador también debe aprender: no soy dueño de la verdad ni la Doctrina PE es una verdad terminada. Si alguien con ideas distintas señala una debilidad o aporta una mejora, está contribuyendo a su construcción.
Aprovecho para hacerle una petición a Valentín: sigue compartiendo y explicando la obra de Trevijano. Cuestionemos nuestras diferencias. Leer una misma obra no significa llegar siempre a las mismas conclusiones; lejos de impedir el diálogo, lo hace más necesario.
7. Evolución doctrinaria y estructura práctica
Si PE defiende que el ciudadano conserve y ejerza su poder, el propio fundador debe ser consecuente. No puedo exigir que el ciudadano aprenda mientras mantengo la postura de que ya tengo todas las respuestas. PE debe aprender, cuestionarse y evolucionar.
Asimismo, los principios necesitan una estructura práctica. Por ello proponemos el Parlamento Cero: no como una simple institución de toma de decisiones, sino como un espacio donde los ciudadanos puedan participar, deliberar, aprender, decidir, ejecutar, evaluar y volver a aprender.
Conclusión: La fe en la ciudadanía y el verdadero objetivo
Hay un punto de inflexión fundamental en todo este debate: la fe en la capacidad del pueblo.
En momentos de escepticismo —y alimentados por corrientes como la JDE o las posturas de Valentín— es fácil caer en el pensamiento de que la gente común sencillamente no puede ni podrá ejercer el poder político. Incluso yo mismo, de forma subconsciente, he llegado a dudar y pensar igual por instantes.
Sin embargo, la Doctrina PE nace precisamente de romper con ese prejuicio. Hemos llegado a la conclusión firme de que no se trata de si el pueblo sabe hoy o no; se trata de que es absolutamente necesario que aprenda a ejercer su poder.
El verdadero objetivo: No quiero construir una organización de seguidores; quiero contribuir a construir ciudadanos capaces de ejercer su propio poder político. Y tengo la fe de que esto se puede lograr.
Un buen resultado para PE no es que el fundador tenga cada vez más seguidores, sino —paradójicamente— que cada vez menos personas necesiten seguir al fundador, al haber aprendido a participar, deliberar, decidir, controlar y responsabilizarse de sus propias decisiones.
Ese es el desafío. Puede ser un camino mucho más difícil que conquistar el poder desde arriba o aplicar recetas aparentemente realistas que terminan fracasando, pero es lo único coherente con el principio fundamental: la democracia es el poder del pueblo.
Si realmente creemos en ello, debemos hacer algo más que repetirlo o dudar de la gente: tenemos que tener fe en la ciudadanía y aprender juntos a ejercer el poder.